peregrinaje anual
Por tercera ocasión consecutiva, hace un rato regresé del poblado de San Martín de Allende. Es un rancho/pueblo dentro del municipio de San Miguel de Allende aquí en Guanajuato. Es un viaje de peregrinaje que muchos hacen a pie en un par de días, o por carretera en bicicleta. Las personas que son religiosas creen que el santo local, San Martín Caballero, concede favores a través del peregrinar y la oración. Yo lo hago por motivos espirituales trascendentales que no vienen a cuento, pero lo que sí es de notarse es que para cualquiera que se tome la molestia de ir, este viaje es importante.
Debido a la búsqueda de un reto mayor y para darle más significado al viaje, fui por una ruta alterna a la normal. Lo más común para llegar desde Salamanca es ir por la carretera a Juventino Rosas, subir con rumbo a San Miguel de Allende y ya cerca del entronque Guanajuato-San Miguel, buscar la bajada a San Martín.
Yo, en cambio, tomé la ruta que siguen algunos peregrinos a pie, a través de todo el conjunto de cerros que están al norte del municipio de Salamanca. Realicé el viaje en bicicleta. Me llevó 7 horas, y llegué con dificultades. Haciendo retrospectiva, este año llevé 10 kilos más en la cintura.
La fiesta oficial del santo es el 11 de noviembre. Para esa fecha el lugar se vuelve un mar de gente, con personas hasta donde alcanza la vista. Es un destino mucho más popular de lo que podría imaginarse de un lugar aislado. Gracias al creciente número de visitantes anuales, se ha construido una carretera que llega directamente hasta el templo en el centro del poblado, cuando antes la única manera de llegar era por un largo y aburrido camino rural.
